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Predicar en la mesa

Cuando planteé este proyecto la idea era hablar de cocina y gastronomía, pero también utilizar este espacio para algo más bonito, algo más profundo y al final muy relacionado con la alimentación.

El ser humano tiene necesidad de alimentarse, tanto física, como espiritualmente, desde que el hombre es hombre, se ha buscado respuestas a lo desconocido y siempre ha habido una creencia en un ser superior. Y pienso que en los tiempos que vivimos con tantos cambios, con guerras en la puerta de nuestra casa, con un odio a las cosas con las que siempre hemos convivido, parece que la necesidad de hablar de amor de Dios es importante. Pero claro, ¿cómo hacerlo?, ¿Cómo juntar recetas y gastronomía, con predicación en los tiempos de hoy?… Ufff es complejo, así que hice lo que hacemos todos con estas cosas, preguntar a ChatGPT.

Y la IA me ha devuelto esto:

«Predicar en la mesa» se refiere generalmente a la enseñanza o comunicación de principios de fe desde un espacio de comunión y relación íntima, como la mesa de la casa o la mesa de la Cena del Señor, en lugar de solo en un púlpito. Este enfoque subraya la importancia de compartir el evangelio de manera personal, fomentando la intimidad con Jesús y permitiendo que los creyentes comprendan mejor las Escrituras y la voluntad de Dios.

Luego comenta diferentes puntos de significado y contextos, y termina con una cosa muy bonita: En resumen: La expresión enfatiza una forma de compartir la fe que va más allá de la predicación formal, promoviendo la cercanía, la comprensión y el crecimiento espiritual en un contexto de relación y comunión.

Personal, intimidad, comprensión, cercanía… que bonito, verdad, Pero yo me pregunto si transmitir el mensaje de Jesús no debería ser siempre así.
¿No tendría que ser un mensaje cercano? Donde la intimidad y cercanía, nuestra relación más íntima con Dios, sentir su amor incondicional como padre/madre ¿no debe ser algo fundamental?
¿No tendríamos que comprender el fondo del mensaje del evangelio, para entenderlo y poderlo aplicar a cada momento de la vida? Eso sí, sin sacarlo de contexto, o sin usar una frase para explicar cosas que no tienen explicación dentro de la palabra, pero ¿cuántas veces vemos lo contrario?

Creo firmemente que el mensaje de Jesús es un mensaje de AMOR, así, en gordo, con mayúsculas y lucecitas de neón, creo que su mensaje nos tiene que interpelar, y nos tiene que remover, que tiene que ser un mensaje de acogida, de compasión, de amor fraterno al que tenemos a nuestro lado, pero también por el que no comparte lo que creemos… y sí, este mensaje alimenta. Alimenta nuestro espíritu, nuestra vida, nuestra relación con los demás, alimenta nuestra forma de hacer las cosas y de dar lo que tenemos, compartiendo nuestro tiempo, nuestra vida…

Así que igual si tiene mucho que ver compartir una mesa con nuestros amigos, familia con unos platos ricos y una sobremesa llena de anécdotas, y compartir esa espiritualidad que nos lleva a ser mejores personas dando lo que tenemos.

La iglesia nos dice que todos estamos llamados a la santidad, eso dicho así, suena un poco fuerte, un poco duro… da miedo, pero leyendo hace poco un comentario de sor Leticia, una monja dominica sobre Pier Giorgio Frassati, un laico dominico que el Papa León XIV acaba de canonizar, y escribía esto:

Llevo unos días leyendo la vida de Pier Giorgio Frassati. Es un joven que no nos queda muy lejos, ya que nació en 1901 y murió en 1925, como ves, a los 24 años. Hay muchas cosas que me han impresionado, entre ellas cómo vivía la amistad: era verdadero amigo de sus amigos, y su meta era llevarlos a Jesús y a María.

Pero lo que os quiero compartir es algo que me ha impactado mucho, y es que cuentan que cuando murió hubo dos funerales: uno de la familia y otro de los pobres de Turín. El padre de Pier Giorgio Frassati dijo: «Yo no conocía a mi hijo».

Fueron a su funeral todas las personas pobres que, de alguna manera, él había ayudado. A unos les daba todo lo que tenía: su abrigo, sus zapatos, su camisa, su dinero… A otros los acompañaba en su soledad, los escuchaba, los atendía, los curaba y les hablaba de Jesús y del Cielo.

¡Qué impresionante cómo este santo, Pier Giorgio, cumplió lo que decía Jesús: “Que tu mano izquierda no sepa lo que hace tu derecha”! O cuando Jesús nos dice: «lo hicisteis a uno de estos, mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis”. Él encarnó las palabras del Evangelio sin hacer ruido, desde el silencio que solo en el Cielo se sabía.

Pues si eso no es alimentar…. No sé que puede ser. Así que alimentémonos y alimentemos al resto, que seguro que así seremos más felices.

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